
Desde la llegada de Jordi Ribera al banquillo de España, hace una década ya, España se ha mantenido atornillada en la élite del balonmano con dos bronces olímpicos y mundiales, además de dos oros y una plata europea. La tacha, quizá el agujero negro del equipo, se dio hace dos cursos cuando un empate ante Austria supuso el adiós prematuro del pasado Europeo. Y como si todavía le tuvieran ganas, o como si la lección estuviera aprendida, los Hispanos se plantaron en el Jyske Bank Boxen danés con la gazuza acentuada. Eso aclaró Garciandia como aperitivo, cuando la defensa austríaca se hundió y el lateral castigó con un lanzamiento lejano para abrir el telón. El que avisa no es traidor.Pretendió Austria (entrenada por Iker Romero) imponer su juego, un balonmano muy físico donde Hutecek ponía el músculo y el último pase, casi siempre para la grúa Wagner, y en ocasiones hacia Bilyk, el talento del quiebro y el lanzamiento, los toques de chistera. Pero esta España defiende con todo y bien, valla eléctrica para los rivales. Por lo que se sucedieron los robos y, quizá por los nervios iniciales, también los errores en las transiciones, ataques vertiginosos con malas elecciones finales para el tiro. Duró poco porque los colegiados castigaron las jugadas fuera de lo legal de Frimmel y Kofler con dos minutos y España se liberó. Aparecieron los cambios de ritmo de Gurri y los cruces de Tarrafeta para jugar y hacer jugar, para repartir y finalizar, para abrir una brecha que nunca más se volvió a cerrar. A su alrededor todos brillaban, como Aleix Gómez desde el extremo, como Serdio por dentro y hasta Marcos Fis, el talento que ha hecho del futuro su presente. Y si algo fallaba, aparecía Sergey Hernández en su área, que sacaba las gadjetomanos y los gadjetopies para negar la mayor, para sellar un primer acto delicioso descrito con un sonoro 12-19.Regresó Austria a la pista con bríos renovados, enfocado en endurecer más la defensa, pero ni con esas podían parar a los españoles, que disfrutaban de lo lindo corriendo, ahora con minutos Alex Djushebaev, y Kauldi Odriozola, Casado e Ian Barrufet. Incluso Nacho Biosca cimentaba la leyenda de parapenaltis, dos de dos. Sucedió, en cualquier caso, que Möstl replicó de forma brutal bajo el travesaño rival, un muro inexpugnable de paradas repetidas y de mérito que valieron para reducir las diferencias a cuatro goles (20-24). Más de Hutecek, Wagner y Bilyk, pero poco o nada de Frimmel, el cuchillo desde el extremo que necesitó de siete lanzamientos para embocar el primero. Garciandia entonces hizo efectiva su advertencia, con otro tanto desde la lejanía para cerrar una contra, para explicar que España no tropieza dos veces con la misma piedra. Aunque fuera tan grande como Wagner. Y eso que Möstl seguía en sus trece, sensacional frente a los disparos de seis metros. Nada que envidiarle, en cualquier caso, Sergey Hernandez, que no solo paraba sino que hasta materializó dos goles desde su área que pillaron a Austria en fuera de juego, con el cambio de jugador a portero, empeñados como estaban en generar superioridades en ataque.Así que España supo manejar todos los tiempos ante la ya eliminada Austria, como el acelerón al inicio del duelo, el freno ante el contestatario rival y la serenidad para aguantar las distancias y festejar un triunfo que le da el pase a la siguiente fase, siempre que Alemania -el próximo rival, que ya aguarda a la vuelta de la esquina- pueda con Serbia.
Europeo Balonmano: España no tropieza dos veces con la piedra de Austria | Deportes
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