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La muerte de José Gonzalo Sánchez conocido dentro del ‘clan del Golfo’ con el alias Gonzalito, abre un nuevo reacomodo en la línea de mando del grupo armado en medio de las acercamientos que la organización tiene con el actual gobierno. El viernes 30 de enero, este señalado delincuente falleció por ahogamiento cuando la lancha en la que se movilizaba se volcó en el río Esmeraldas, en jurisdicción del municipio de Tierralta, Córdoba.El segundo cabecilla del grupo armado que cuenta con más de 9.800 integrantes, se desplazaba junto a su esquema de seguridad hacia zonas rurales donde tenía previstas actividades relacionadas con el proceso de ingreso a las Zonas de Ubicación Temporal (ZUT). En los últimos meses, su rol no se limitaba al control territorial y operativo, sino que también incluía tareas políticas internas, asociadas a la preparación del grupo para escenarios de diálogo con el Estado.Gonzalito hacía parte del Estado Mayor Conjunto y participaba en la formulación de lineamientos organizacionales y en la implementación de compromisos asumidos en el marco de los acercamientos exploratorios con el Gobierno nacional.Tras el volcamiento de la embarcación, el cuerpo fue recuperado por integrantes de la comunidad indígena de La Pita, quienes alertaron a las autoridades y a la estructura armada sobre lo ocurrido.José Gonzalo Sánchez, alias Gonzalito’, Foto:CortesíaLa desaparición de Gonzalito se produce en un momento en el que el ‘clan del Golfo’ mantiene una estructura jerárquica extendida y con capacidad de relevo. Según explicó el profesor Luis Fernando Trejo, de la Universidad del Norte, la organización no enfrenta un vacío prolongado en su cadena de mando. “Es una baja sensible, pero su lugar será ocupado rápidamente por quien se encontraba en la tercera posición del Estado Mayor”, señaló el académico, quen resaltó que la dinámica interna del grupo reduce el impacto operativo y no anticipa una interrupción en eventuales mesas de diálogo.Para Gerson Arias, investigador de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), alias Gonzalito tenía bajo su influencia un amplio corredor territorial que iba desde Córdoba hasta la región Caribe. “Desde la ribera derecha del río Sinú en Córdoba, entrando por el norte de Antioquia, Bajo Cauca, nordeste antioqueño”, detalló el experto, quien añadió que sus unidades también consolidaban el sur de Bolívar en coordinación con el antiguo Chirimoya. Tras la muerte de este último el año pasado, Gonzalito quedó a cargo del despliegue hacia la región Caribe, lo que le daba un papel central en la expansión territorial del grupo.El ‘clan del Golfo’ hace fuete presencia en varios departamentos del país. Foto:CortesíaArias identificó tres implicaciones estratégicas de su muerte. La primera, que era “la persona con mayor capacidad militar en términos de garantizar una expansión del ‘clan del Golfo’ en varias regiones del país. La segunda, su legitimidad interna: su trayectoria le otorgó “un grado de legitimidad muy grande dentro de sus hombres” y lo convirtió en un referente para la conducción estratégica. La tercera, las tensiones internas frente a un eventual escenario de negociación, pues existían diferencias entre él y alias Chiquito Malo, con posturas más escépticas frente a ese proceso.El investigador aclaró que el impacto de la muerte de esta figura se sentirá en la reconfiguración del Estado Mayor Conjunto, ya afectado por otras bajas recientes. “Esto crea espacios para que haya diferentes visiones sobre hacia dónde deberían orientarse las decisiones estratégicas del grupo”, explicó. Aunque no prevé un aumento inmediato de la violencia, Arias subrayó que todo dependerá de cómo se reestructure la cúpula, al tratarse, desde Otto Niel, de “la muerte con impacto más estratégico que ha tenido el ‘clan del Golfo’ por su trayectoria, ascendiente interno y experticia militar.Generales en retiro le dijeron a EL TIEMPO que con la muerte de alias Gonzalito se abre un reacomodo interno en el ‘clan del Golfo’, especialmente en su estructura económica. De acuerdo con la información conocida, este criminal concentraba el control financiero del grupo armado, con incidencia directa en las rentas del narcotráfico en el sur de Córdoba y en corredores estratégicos que conectan con el Bajo Cauca antioqueño.José Miguel Demoya, alias Chirimoya, fue abatido en abril de 2025. Foto:Agencias de seguridad“Esa cercanía territorial permitía articular economías ilegales vinculadas al oro y garantizar el flujo de recursos entre ambas zonas, un engranaje clave para la sostenibilidad del grupo”, dijo uno de los oficiales.Dentro de esa estructura, el segundo al mando no cumplía únicamente un rol de reemplazo, sino que ejercía la administración de las finanzas, la coordinación de las estructuras y la toma de decisiones económicas. Según la información aportada, Gonzalito no tenía intención de sentarse en eventuales mesas de diálogo y su papel se limitaba a ejercer control desde la retaguardia, mientras otros actores, incluidos sectores políticos, asumían la exposición pública del proceso. “La lógica era mantener el poder real sin asumir visibilidad directa ni riesgos adicionales”, indicaron fuentes.El escenario que se abre ahora plantea la incógnita sobre quién asumirá ese segundo nivel de mando y bajo qué condiciones. Las fuentes advierten que, de producirse ese relevo, no necesariamente habrá una figura visible, sino un perfil que opere de manera reservada, concentrando información, manejo de recursos y control de estructuras.Recompesas por ‘Chiquito Malo’ y ‘Gonzalito’. Foto:CortesíaEl poder del segundo del ‘clan’Alias Gonzalito figuraba entre los hombres más buscados del país. En Colombia tenía órdenes de captura por homicidio, secuestro, concierto para delinquir, tráfico y porte de armas, uso de menores de edad, desplazamiento forzado y amenazas, entre otros delitos. También era requerido en extradición por Estados Unidos por conspiración para el envío de cocaína, solicitud que contaba con concepto favorable de la Corte Suprema de Justicia. Su nombre estaba asociado a recompensas que, según fuentes oficiales, oscilaban entre los 3.000 y los 5.000 millones de pesos.Su trayectoria armada se remontaba a comienzos de los años 2000. En 2002 integró el Bloque Catatumbo de las Auc en Norte de Santander y se desmovilizó en 2004, en Tibú. Años después retomó actividades armadas y en 2017 asumió como cabecilla principal del Bloque Pacificadores del Bajo Cauca. En 2020 ingresó al Estado Mayor como cuarto cabecilla y, en 2023, fue designado segundo al mando del Clan del Golfo.Desde esa posición, las autoridades le atribuían el control de corredores estratégicos en Antioquia, Córdoba, Sucre y Bolívar, zonas clave para el narcotráfico, la minería ilegal, la extorsión y el tráfico de armas. También se le señalaba como responsable de homicidios selectivos, desplazamientos forzados y amenazas contra líderes sociales, así como de acciones armadas contra la Fuerza Pública. LEA TAMBIÉN Dentro de su prontuario figuran órdenes directas para el asesinato de Ledys del Carmen Montalvo, en septiembre de 2014; el ataque armado contra una caravana del Inpec en el corregimiento El Doce, en Tarazá, en mayo de 2017; la ejecución del denominado “plan pistola” contra miembros de la Fuerza Pública entre 2014 y 2017; y la coordinación de acciones armadas durante el paro minero del Bajo Cauca, en febrero y marzo de 2023. También se le responsabiliza por el secuestro de tres fiscales y una funcionaria judicial en Tarazá, en febrero de ese mismo año.Las zonas donde ejercía influencia directa incluyen amplias áreas rurales de Antioquia, Córdoba y Sucre, con presencia en veredas, municipios y corredores estratégicos. Bajo su mando operaban cientos de hombres, distribuidos en una estructura que mantiene control sobre decenas de municipios y extensas franjas territoriales utilizadas para economías ilegales. Tras su muerte, esa red permanece activa, a la espera de la oficialización del relevo que asumirá el segundo cargo más alto dentro del ‘clan del Golfo’.Redacción JusticiaJusticia@eltiempo.comMás noticias de Justicia:
