
Los archivos de Epstein no paran de poner nuevos nombres en la picota. Ni los más influyentes se libran. En los documentos hay millones de nombres, mails, conversaciones y contactos, algunos puramente vinculados con los negocios y otros que reflejan conductas sospechosas. Tras la revelación de más documentos a finales de la semana pasada, se ha vuelto a poner el foco en Andrés Mountbatten-Windsor, antes conocido como el príncipe Andrés —fue despojado de todos sus títulos por su hermano, Carlos III—; y en la princesa Mette-Marit de Noruega, lo que ha conseguido que casi la mitad de su país no la quiera como futura reina, tras revelarse su prolongado contacto vía email con el financiero pedófilo. En el caso de nombres españoles, una de las apariciones más llamativas es la de la economista y escritora madrileña Astrid Gil-Casares (Madrid, 51 años), exmujer del presidente de Ferrovial Rafael del Pino y madre de tres de sus hijas.Entre los tres millones de nuevos documentos que el Departamento de Justicia de Estados Unidos divulgó el pasado 30 de enero, hay decenas de mensajes entre Gil-Casares y Epstein, demostrando un vínculo que se prolongó, al menos, entre 2017 y 2019, año en el que él entró por segunda vez en la cárcel por delitos sexuales —y poco después se suicidó en su celda a la espera de juicio—. “¿Cómo estás, desaparecido amigo?”, le preguntó la escritora el 5 de julio de 2019, un día antes de la detención del magnate. “París”, le respondió él escuetamente. Ella le cuenta que va a un retiro de yoga a Sardinia y celebra que lleva una semana sobria. Luego le pregunta a Epstein por sus planes veraniegos. “Principalmente París”, repite él. Ella, que le cuenta que va a visitar Palma (Mallorca) y Londres, le muestra su interés por coincidir con él en cualquiera de esas ciudades: “Si pasas, escríbeme” o “Me encantaría saber de ti”, le escribe, según los documentos hechos públicos.Más informaciónPero no se produjo ningún encuentro porque al día siguiente, 6 de julio de 2019, Epstein fue detenido en el aeropuerto de Nueva Jersey e imputado pocos días después por explotar y abusar de decenas de adolescentes. Gil-Casares dejó por escrito su reacción en sus últimos mensajes al pedófilo difundidos, que se quedaron sin contestación. “Pensando en ti. Siento lo que he leído en las noticias. Espero que todo vaya bien. Besos”, le escribió el 7 de mayo.Conversación de Whatsapp entre Astrid Gil-Casares y Jefrey Epstein a principios de julio de 2019. La conversación forma parte de los archivos publicados por el Gobierno de Estados Unidos el 30 de enero de 2026.El inicio del intercambio de correspondencia entre ambos se remonta a diciembre de 2017, cuando todavía se comunicaban vía email —por entonces Epstein ya tenía una condena por buscar servicios de prostitución de niñas de hasta 14 años; en julio de 2009, era liberado de una cárcel de Florida tras haber cumplido 13 de los 18 meses de esa condena—. Entonces hablaban sobre todo de el borrador de un libro en el que estaba trabajando ella, que le pedía consejo literario al magnate. “¿Qué cambiarías de Felipe? Tiene que ser un hombre que atraiga a las mujeres”, le contaba la escritora, que actualmente vive en la exclusiva urbanización de La Moraleja, en Madrid. También hablan de un personaje llamado Gaelle, que así es como se llamaría la protagonista de la primera novela que Gil-Casares publicó en 2020, Nadie me contó. En el libro, Gaelle conoce a un hombre “inteligente, atractivo, carismático, seductor, poderoso y rico. Tan perfecto que no parece real”, según la sinopsis sobre el personaje que Epstein parece ayudarle a construir. “Divertido. Me gusta la idea de que todo el mundo juega con la vida de los demás de una forma u otra. Me gusta lo del pis en la habitación segura, a mí me pasó en un ascensor en el que me quedé atrapado”, le responde el magnate en uno de los correos, tras comentarle que ha tenido que utilizar un servicio de traducción para leer el borrador.En septiembre de 2018, hay otro intercambio de emails en el que él le pide que pase el borrador de su libro por un traductor si quiere que se lo vuelva a leer y ella le agradece su tiempo.Los siguientes mensajes hechos públicos de los archivos de Epstein no se dan hasta dos años después, en abril de 2019. En esta etapa el magnate y la economista dejan atrás sus conversaciones literarias y pasan a tener charlas más íntimas. Comparten —ya por WhatsApp— artículos, canciones, imágenes, recomendaciones literarias y flirteos. “Wow!!!!! Estás muy apuesto. ¿Dónde es eso? ¿Cuándo? Pareces una estrella de cine”, le comenta ella sobre una foto enviada por Epstein vestido de esmoquin. “En mi barniz va. Gracias por ser amable”, bromea él. “Pensaba que el barniz va era a los 13 años. Pareces mayor. No estoy siendo amable (aunque soy muy amable), estoy diciendo la verdad”, continúa la madrileña. En otros mensajes también intenta coincidir con él en París, pero él solo responde con monosílabos sin mostrar mucho interés. Al final, acaban quedando en verse por Skype, a petición de Epstein.Intercambio de mensajes de Whatsapp entre Astrid Gil-Casares y Jefrey Epstein el 7 de abril de 2019. Los mensajes forman parte de los archivos publicados por el Gobierno de Estados Unidos el 30 de enero de 2026.El estrecho vínculo entre la escritora y el magnate se confirma en los correos intercambiados dos semanas después (el 26 de abril de 2019), cuando ella le explica que acaba de romper con su novio —cuya nombre no especifica—, coincidiendo con una nueva mudanza de casa —“la tercera en tres años”, dice— y la reciente muerte de un ser querido. “Ha sido una semana dura emocionalmente (y normalmente soy bastante fuerte). ¿Vienes a Europa la próxima semana? ¿Por qué no paras en Madrid una noche? Por alguna extraña razón, siento que te necesito”, le confiesa Gil-Casares al pedófilo. “Te he dicho que estoy en París, volé sobre ti anoche”, le responde él, junto a una foto tomada al exterior desde la ventanilla del avión. “No te preocupes, cuando digo que te necesito, es como amigo (así que no sientas ninguna presión). Es solo que siento una fuerte conexión contigo. Pero igual son simplemente invenciones mías basadas en cosas estúpidas que las mujeres sentimos como especiales (como el hecho de que hayas notado que tengo un nuevo tatuaje)”, continúa ella, que le insiste en que vaya a visitarla a París, coincidiendo en que no está con sus hijas. Captura del mensaje de Whatsapp en el que Astrid Gil-Casares le explica que ha roto con su pareja, se ha mudado y le pide encontrarse porque “le necesita”.Hay otra tanda importante de mensajes de WhatsApp en mayo de 2019. Conversan sobre la hijas de ella —con foto incluida de la mayor y la pequeña—, sobre libros o sobre gustos literarios en los que no suelen coincidir —“No entiendo el concepto de masturbación intelectual. Perdona”, dice Epstein en un momento dado—. Hablan de Lolita, de Guerra y Paz, de Lo que el viento se llevó. “Lolita no es un romance. Deja de ser tan básica”, le escribe el magnate. “Soy básica. Y burguesa”, le responde ella en medio de unos cuantos archivos de fotos que no se ven en los archivos públicados. Al final, él le dice que se va a dormir y le desea buenas noches. “Aghhhh. Siempre haces lo mismo”, le reprocha Gil-Casares. “Quejándose otra vez por alguien que no se queja”, contesta Epstein junto a una carita sonriente. Después de eso, la conversación se convierte en un monólogo de la escritora, que le manda hasta 40 mensajes en poco más de media hora —incluidas fotos— mientras él guarda silencio. “Sin respuesta… ¿Me estás torturando con el ‘castigo silencioso’?”, le recrimina. Quién es Astrid Gil-CasaresEn 2016, la economista solicitó el divorcio de Rafael del Pino Calvo-Sotelo, presidente de Ferrovial y el tercer hombre más rico de España, causando un cisma en la alta sociedad madrileña. Después de un proceso judicial muy público con quien fue su marido durante una década y padre de sus tres hijas, tras un intento frustrado de regresar a la banca empezó a escribir novelas. Por el momento ha publicado tres, y en todas ellas refleja la clase alta española en la que ha crecido y vivido. “Todo el mundo preferiría que me callase. Todos en mi entorno, los que me quieren y los que no me quieren, preferirían que no hablase”, explicaba la escritora en conversación con EL PAÍS en febrero de 2025. Por entonces presentaba su última novela, No digas nada. Precisamente el próximo jueves, 5 de febrero, tenía programada una charla en Alcobendas (Madrid) sobre ese libro. Pero el pasado lunes anunciaba su cancelación, sin dar explicaciones, en los stories de su Instagram, red social en la que cuenta con algo más de 6.800 seguidores. Hija del ingeniero naval Santiago Gil-Casares Armada —sobrino del general golpista Alfonso Armada— y de la aristócrata francesa Catherine Marlier, en No digas nada el personaje principal debe hacer frente a la muerte de su madre y a su propia soledad, tal como le ocurrió a la autora. “La gente dice que el dinero no da la felicidad. Yo te puedo decir que el dinero te permite mucho más fácilmente ser feliz. La felicidad no es el avión privado o el barco, pero el avión y el barco te dan un abanico de posibilidades”, reflexionaba durante su conversación con Martín Bianchi. “La falta de dinero estruja, y cuando estás estrujado es mucho más difícil ser feliz”, contó en la mencionada entrevista con este periódico.Más españoles en los archivos de EpsteinElla no es la única española que ha aparecido en los papeles de Epstein. A finales de la semana pasada, cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos publicó más de tres millones de documentos del archivo del fallecido pedófilo, entre los nombres que salieron estaba el de José María Aznar, según adelantó EL PAÍS. El expresidente del Gobierno aparece en los documentos en, al menos, tres ocasiones, aunque ninguna presupone conductas o hechos delictivos. En concreto, Jeffrey Epstein y su pareja Ghislane Maxwell —que cumple una condena de 20 años de cárcel por participar como cómplice en una red de tráfico sexual con cientos de víctimas menores de edad— le enviaron dos paquetes a los Aznar en 2003 y 2004. El primero de ellos lo remitieron cuando aún era presidente, en septiembre de 2003, y lo mandaron desde las oficinas de Nueva York hasta el Palacio de la Moncloa. Hay también un correo electrónico, que por la dirección que se puede entrever, remite el hijo del expresidente, en el que especifica cuál es la dirección de su padre en Faes, firmado con un escueto “Besos, Jose”. Y un mes después, se produce el segundo envío, en mayo de 2004, cuando el dirigente popular ya había abandonado el poder.Recibo de un paquete enviado por Epstein al presidente Aznar en septiembre de 2003. El recibo forma parte de los archivos publicados por el Gobierno de Estados Unidos el 30 de enero de 2026.Antes de la publicación de la nueva remesa de documentos, el pasado mes de diciembre The New York Times publicó una investigación que relaciona al magnate con Ana Obregón y su familia. “Alrededor de 1982, un conocido en común presentó a Epstein a Ana Obregón, una joven actriz y socialité española. En su primera cita, la llevó a toda velocidad por Manhattan en un Rolls-Royce. Ella quedó fascinada por su encanto y su belleza, pero al final solo quería ser su amiga”, aseguraba el prestigioso medio estadounidense, que también apuntaba a que el origen de su fortuna fue un trabajo que realizó para varias familias españolas, entre ellas la de la actriz y presentadora. Obregón publicó en 2012 sus memorias, bajo el nombre de Así soy yo, y en ellas se refería a un tal Jeff como su “ángel de la guarda en Nueva York”, refiriéndose a la etapa a principios de los ochenta en la que se instaló en la Gran Manzana para estudiar interpretación. “Adiós a Jeff, el hombre perfecto del que nunca me enamoré”, lo describía en el libro. Pero tras las revelaciones de The New York Times sus declaraciones fueron totalmente opuestas: “Estoy flipando con todo esto porque no es plato de buen gusto. Me pone nerviosa unir mi nombre a un depravado así”, lamentó.
Astrid Gil-Casares, la escritora de la ‘jet set’ española que mantuvo el contacto con Epstein hasta el día de su detención | Gente
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