Con la mira puesta en revertir como sea el declive industrial de Europa, el Ejecutivo comunitario plantea dar un salto de gigante en la forma de trabajo y toma de decisiones en la UE. Bruselas abre la puerta a que los Estados miembros avancen en pequeños grupos en vez de esperar a que haya acuerdo entre los 27. La falta de unanimidad ya no puede ser una barrera. Y los asuntos son muchos: defensa, seguridad, redes energéticas, trabas administrativas, innovación, inversiones… Ese sistema de “cooperación reforzada” entre países, por equipos, supondrá una Europa a varias velocidades. Es una de las recetas que más se mueven estos días en Bruselas para hacerse un hueco frente al desorden mundial que está dejando el presidente estadounidense Donald Trump.“Nuestra ambición debería ser siempre lograr acuerdos entre los 27 Estados. Sin embargo, donde haya falta de avances o ambición que erosionen la competitividad no debemos huir de usar las herramientas previstas en el tratado como la cooperación reforzada”, expone la presidenta de la Comisión Europea, la conservadora alemana Ursula von der Leyen, en una carta remitida a los líderes de la UE este lunes.En la misiva, la jefa del Ejecutivo comunitario enumera una lista de propósitos y tareas que servirán de base para el debate de la cumbre europea del jueves, una reunión que se celebrará en el castillo belga de Alden Biesen, y que se centrará en cómo impulsar la competitividad europea en un momento en el que Europa analiza cómo salir del bache que supone haberse quedado atrás de la carrera de gigantes que marcan China y Estados Unidos.Ya hay un antecedente reciente de esa “cooperación reforzada”, la decisión del pasado diciembre de 24 de los 27 países (todos menos Hungría, Eslovaquia y República Checa) de otorgar un préstamo de 90.000 millones a Ucrania a cuenta del presupuesto comunitario. Una fórmula que se decidió ante el veto de Bélgica del uso de los activos rusos inmovilizados en la UE para lanzar ese préstamo a Ucrania y sostener su esfuerzo bélico. En ese momento, aunque se necesitó el acuerdo de los tres países díscolos para lanzar la nueva solución y ayudar a Kiev, los 24 Estados miembros acordaron lanzar ese “préstamo de reconstrucción” para el país invadido por Rusia, garantizado por el presupuesto comunitario. Ursula von der Leyen con Emmanuel Macron, el pasado 5 de febrero en el Elíseo.DPA vía Europa Press (DPA vía Europa Press)Fue una solución rápida para salir del callejón. Pero esa opción de trabajo y alianzas entre países existe desde hace tiempo, aunque no ha sido una vía muy explorada hasta ahora. Solo se ha recurrido a ella en cinco ocasiones y, desde luego, no ha sido algo que incentive la propia Comisión, que sí lo hace ahora espoleada por la nueva coyuntura geopolítica. Esa cooperación es una de las vías que propone el expresidente del BCE, Mario Draghi —que junto a otro ex primer ministro italiano, Enrico Letta, participará en la reunión de líderes este jueves— para lograr que Europa evite esa “lenta agonía” que supone su falta de competitividad y productividad. Cooperación entre países, por ejemplo, para avanzar en la computación cuántica europea.Avanzar en la integración, sobre todo en el mercado único, suele presentarse como la respuesta más potente que tiene la UE para afrontar las amenazas que emergen en este mundo de grandes potencias. No es difícil encontrar esta afirmación —o variantes de ella— entre analistas, tecnócratas o mandatarios. En este contexto, esperar a que llegue la unidad es un lujo que la UE no se puede permitir. No hacerlo, como dijo el expresidente del BCE, Mario Draghi, hace más de un año, es exponerse a “una lenta agonía”. El mismo Draghi habló hace una semana de más integración, , inclusode federalización: “Donde Europa se ha federado —en comercio, en competencia, en política monetaria— somos respetados como una potencia y negociamos como uno. […] Donde no lo hemos hecho —en defensa, en política industrial, en asuntos exteriores— se nos trata como a una agrupación poco cohesionada de Estados medianos”. Y la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha traducido las palabras del respetado economista italiano, convertido en el último año y medio en el ideólogo de cabecera de los líderes de la UE.

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