
El señor que espera sentado en una butaca del Ateneo de Madrid con aparatoso sombrero vaquero, camisa y casaca de mariachi y profusión de anillos de calaveras acaba de bajarse de un tren que lo ha traído desde Alicante, donde vive en un pueblo cercano a Benidorm, expresamente para esta entrevista. Segarra, que confiesa que se ha puesto sus mejores galas para la cita con “su periódico” viene con la ilusión de un principiante, aunque acredita más de cuatro décadas sobre el escenario y la autoría de himnos rockeros tan populares como Mediterráneo, Bajo la luz de la luna o Esto no es Hawai, gué guay, interpretado por su íntimo colega Loquillo. Le acompaña una chica joven, hija de su pareja, que se ocupa de su agenda. Al acabar la charla, posa para al fotógrafo a las teclas del espléndido piano de la casa -“menudo bicho”, se admira- y le arranca alguna ráfaga ante el pasmo de la concurrencia. Se le ve cómodo dando la nota. Escribió su canción Mediterráneo siendo un rockabilly enamorado de California. ¿Eso cómo se come? La compuse en los ratos muertos de la mili. Yo era un optimista empedernido y pensaba que me iba a tocar hacerla cerca de casa, en Barcelona, pero me tocó en Ceuta, en Regulares. Entonces, desde el cuartel veía el Mediterráneo por un lado y el Atlántico por otro y yo lo que quería era salir de allí y volver a Barcelona. Me gustaba el surf y California, pero era lo más cercano que tenía. ¿Y Bajo la luz de la luna? Jaja, esa es aún mejor. La compuse en las imaginarias, haciendo guardia delante de un local de alterne que se llamaba Club La Sirena y donde alguna noche se liaba buena entre los proxenetas, las chicas y la policía militar. Mis canciones eran una forma de reírme de mí mismo. Cuando salí de la mili seguí tocando, pero esas canciones durmieron el sueño de los justos porque pensaba que no le iban a gustar a nadie y, de repente, las puse de relleno años más tarde y lo petaron. ¿Cómo sabe si una canción suya es buena? Una de las cosas bonitas de este oficio es que nunca sabes cuándo va a pegar una canción. Si lo supiera, haría 20 en cada disco. Cada generación tiene unas referencias y unos lugares comunes. De repente, un grupo de españoles tomamos las listas por asalto, supongo que porque conectamos. Yo le quité el número uno a Bruce Springsteen, eso no hay quien me lo quite. ¿En su quinta no había aún objeción de conciencia? Para no hacer la mili, digo. Pues igual ya había, pero no me lo planteé. Hice grandes amigos en la mili. Tocaba en la banda, por supuesto: el cajón. Allí teníamos corneta, tambor y gaitas, que es un instrumento mucho más complejo, el 99% de los que tocaban eran valencianos. Cuando acabé, venían a verme a los conciertos, mandos y todos. Mucha gente presumía con sus novias de haberme oído cantar Mediterráneo en el cuartel. La cosa es que yo tocaba de oído desde niño porque, aunque vengo de una familia de músicos, le pillé manía al profesor de música del colegio y no seguí, entre otras cosas porque luego te das cuenta de que la flauta dulce no atrae, digamos, al género femenino. ¿O sea, que toca y compone de oído? Sí, digamos que sé leer música, pero saber leer no te convierte en poeta. Pero me vino bien: al menos tienes una base para trabajar con otros músicos y guiar la inspiración: para que se te aparezca la virgen, tienes que estar con papel y lápiz. Al principio no me gustaba componer. Cuando empecé a tocar y montamos Los Rebeldes hacíamos versiones de Chuck Berry, Little Richard y Cochran. Me daba vergüenza componer, las canciones que me gustaban ya estaban escritas. Y el español no es fácil para componer, es menos percusivo que el inglés. Pero poco a poco le vas pillando el gusto. ¿Y ahora cuánto se gusta? Pues mira, ahora que han pasado tantos años, y que voy mucho a trabajar a México, cuando oigo a grupos mexicanos haciendo versiones de una canción mía es cuando veo lo buena que puede ser cuando la sacas de su contexto. Eso me hace valorar lo que he escrito más que si lo toco yo, y me da ánimos para seguir componiendo. Componiendo las canciones de Gente estridente nos lo hemos pasado como enanos y eso se nota mucho. El disco está muy vivo y la gente me dice que parece que tenga 30 años, y no 60. ¿Y cuántos siente que tiene por dentro? Yo creo que no pasé de los 14. Sabes qué pasa, que tengo la gran suerte de ganarme la vida haciendo lo que más me gusta. Tengo la facilidad de ponerme en la piel de ese Carlos Segarra de 13 o 14 años que pidió de Reyes una guitarra. Soy un privilegiado. Estoy bien de salud, estoy bien de voz. La gente me dice que canto mejor que nunca. Y tengo la gran suerte de tener a un público que se ha ido renovando y, en cada disco, hay alguna canción nueva que pega. Las primeras filas están llenas de chavales que se saben las letras mejor que yo. Pero le siguen pidiendo Mediterráneo. ¿No está harto de cantarla? En absoluto. La última vez que vi a los Rolling, en Benidorm, hicieron un buen show. Los tíos empezaron a tocar blues y la gente solo les pedía Satisfaction. A ver, yo pago un billete para ver a los Rolling y tú me cantas Satisfaction como Dios es Cristo. Entonces, si yo le pido a un ídolo mío que cante mi tema, entiendo perfectamente que la gente quiere escuchar el Mediterráneo de Rebeldes, quién soy yo para negárselo. Esa canción suena a anuncio veraniego de cervezas antes de que existieran. ¿Se la han pedido para publicidad? Sí, pero muy bien elegida. La última ha sido para el Corredor Mediterráneo, que, como comprenderás, viviendo en Alicante, pues me toca, y luego una marca de horchata. Digamos que Mediterráneo ha tenido muchos novios, pero no la he dejado con el primero que pasara. Carlos Segarra a las teclas del piano de la sala llamada La Cacharrería, en el Ateneo de Madrid.Bernardo PérezEs el autor de Feo, fuerte y formal y otros temas para Loquillo. ¿No le comen los celos cuando un tema suyo es un hit para otro? Para nada, yo compongo para más gente, y de eso también vivo. Y con Loquillo, además, nos conocemos desde los 17 años, y nos apreciamos mucho. Digamos que le hago un traje a medida, soy su sastre. Eso decía Manuel Alejandro de sus canciones para Raphael. Me encanta Manuel Alejandro, es un compositor genial. Yo me he criado también con el Yo soy aquel, con las rancheras de Jorge Negrete. Ahora me doy cuenta de que algunas de mis letras de rock and roll, podrían ser coplas o boleros. El bolero es el blues hispano, porque tú, en un bolero, nunca hablas de lo bien que te va después de 40 años de casado. El español tiene eso, sus propios códigos y sonoridad. Nuestro achilipú podría ser el oh yeah. Anuncia gira por España y América. ¿A los 64 está uno para esos trotes? ¿No se cansa? No, señoría, volvería a hacerlo [ríe]. Todavía puedo estar dando botes dos horas con una guitarra de seis kilos en brazos. Me duelen las rodillas de pensarlo. Y a mí, pero sarna con gusto no pica. Yo empecé con que no me dejaban entrar en los sitios en que tocaba, porque solo tenía 16 años. He tocado para 300.000 personas en las fiestas de La Mercé, entonces, era famoso y todos me comían de la mano. Ahora lleno salas más pequeñas. Pero el oficio lo llevo puesto. Esa escuela no está pagada. Y qué queda del ‘sexo, drogas, rock and roll’. ¿Le tiraban bragas al escenario? Jajaja. No. Eso al saxo, el pelirrojo, el guapete, a mí me venían a dar la brasa otros músicos a preguntarme cómo hacía para tocar así. Pero si dejo la flauta dulce por la guitarra para ligar más. Ya, hija, pero es que yo soy muy de novias, no soy un picaflor. Vivo muy feliz con mi pareja y sus hijas, que no son fillas, pero si pubillas, y que van a ser mis herederas universales. Tener a dos chicas veinteañeras en casa te abre mucho la mente. Una es dj de tecno. El rap me gusta por sus letras. Lo que menos me va es el reguetón. Digamos que me gusta el reagge, pero sin ton. ¿Sigue siendo igual de rebelde que cuando fundó Los Rebeldes? Cada uno es cada uno. Cuando veo a gente joven diciendo que Franco tenía sus cosas buenas me pone los pelos como escarpias, porque eso tiene el gran peligro de que quien no conoce la historia puede repetirla. Me da rabia que haya gente que, por un exceso de hedonismo, de consumismo y de egoísmo, no le dé tiempo a disfrutar ni a valorar lo que tiene, porque lo ganado no es igual que lo regalado. Parece que estoy hablando como mi abuelo, que se quejaba de que yo tenía demasiadas cosas. Imagino que es ley de vida. Pero quiero creer que no está todo perdido, porque si no es para tirarse por la ventana. ¿Cuántas veces le han llamado boomer como sinónimo de viejo? Y cosas peores. También te digo que cuando yo tenía 14 años, me parecía que a alguien de mi edad de ahora tenían ya que tirarlo por un barranco.Ahora también hay quien quiere enterrarnos a nosotros. Seré un boomer, pero tengo rabia, soy rebelde y tengo aún mucho que aportar. Los boomers aún pintamos mucho y lo que nos queda. Hay una cosa lógica, que es que a los jóvenes les sienten mal tus consejos, pero nadie nace enseñado, a tocar se aprende tocando y a vivir se aprende viviendo. Cuando nosotros empezamos haciendo rock and roll le caímos mal a la gente 10 años mayor porque ellos habían movido el árbol y nosotros recogimos las nueces. Se trata de que haya nueces para todos. ¿Quién es la ‘gente estridente’ del disco? Durante la pandemia pensamos que íbamos a salir unidos, y mira, de un día para otro el ruso invade Ucrania, el ejército israelí masacra al pueblo palestino, el americano es un payaso que se cree el amo del mundo libre, que parece el tío sacado de una película de John Belushi. Todos esos son estridentes. Milei es estridente, la guerra es estridente, los ICE son estridentes. ¿Qué puedo aportar yo? La estridencia del rock and roll. Y eso hago. THE SEGARRA BROTHERSCarlos Segarra (Barcelona, 64 años) quería fundar un grupo casi desde niño y encontró en su hermano pequeño el primer compañero de correrías. “Éramos como los ‘Segarra Brothers’, rememora, muerto de la risa, este cantante y compositor “de oído” que, en plenos 80, junto a su grupo Los Rebeldes, copó las listas de éxitos con temas pretendidamente californianos pero profundamente ibéricos como Mediterráneo o Bajo la luz de la luna. De familia de músicos —su abuelo tocaba en grupos de foxtrot y su tío abuelo tocó con Tete Montoliú—, él estaba destinado a ser “el heredero” de su estirpe, pero el rockabilly se cruzó en su camino y el resto es historia. Hoy, casi medio siglo después, vuelve a la carretera que nunca ha dejado. El 20 de febrero actúa en La Sala del Movistar Arena de Madrid.
Carlos Segarra: “Soy un ‘boomer’ rebelde y aún tengo mucho que aportar” | Cultura
Shares:
