Costa Rica otorgó el domingo un espaldarazo al proyecto político del actual presidente, Rodrigo Chaves, un populista que aboga por “refundar” el Estado y está decidido a reducir los contrapesos institucionales. Con el triunfo en primera vuelta de la candidata oficialista Laura Fernández, de 39 años, el país centroamericano refrendó la propuesta de Chaves y confirmó su entrada en un nuevo ciclo político, marcado por una disputa abierta sobre los límites del poder en una de las democracias más estables de América Latina. La jornada estuvo marcada por una alta participación —en torno al 66%—, un dato significativo en un país que en los últimos años había visto crecer el abstencionismo como síntoma de desafección política.El Tribunal Supremo de Elecciones otorgó al oficialista Partido Pueblo Soberano (PPS) más del 48% de los votos, un resultado contundente que evitó la segunda vuelta y selló la continuidad del proyecto del mandatario Chaves. El movimiento oficialista logró, además, 31 de los 57 diputados del Parlamento, lo que le garantiza holgura para impulsar casi sin contrapesos sus proyectos legislativos. El PPS no logró, sin embargo, los 40 diputados necesarios para reformar la Constitución, uno de los anhelos de Chaves, que quiere acabar con los límites constitucionales que impiden la reelección presidencial. “No solo no podrá la futura presidenta decir que “no la dejan gobernar” [la muletilla de Chaves]sino que ya tiene en sus manos un cheque en blanco para presidir ya no solo con viento y marea a favor, sino con un motor fuera de borda de 800 caballos de fuerza, suficiente para cruzar el periodo completo sin tener que remar ni una sola vez”, decía el lunes el periodista Diego Delfino.Centro de votación Escuela Dante Alighieri, en San José, Costa Rica.Miguel AndrésFernández, exministra de Planificación y Política Económica, se acercó a Chaves como una funcionaria experta en los engranajes del Estado, dispuesta a guiar a un presidente sin experiencia política reciente tras décadas fuera del país. Con rapidez se consolidó como su aliada más fiel: fue la pieza clave de un frustrado intento de referendo, ocupó el Ministerio de la Presidencia y terminó convertida en la candidata elegida para dar continuidad al proyecto del mandatario, empeñado en redefinir el rumbo político de Costa Rica, entre la adhesión entusiasta de unos y la inquietud de otros.Antes de que Fernández se dirigiera a sus seguidores la noche del domingo, fue el propio Chaves quien apareció en escena, aunque a distancia. En una llamada telefónica transmitida por televisión, el presidente felicitó a su sucesora. “Vamos a hacerlo muy bien”, le dijo. “Daré una lucha sin cuartel. La transición será muy agradable”, respondió ella, en una escena que subrayó el peso del mandatario saliente en la victoria electoral.“Continuidad del cambio” En su primer discurso como presidenta electa, Fernández celebró lo que definió como “la continuidad del cambio” y reivindicó un mandato para “rescatar y perfeccionar las instituciones y devolverlas al pueblo soberano”. Prometió respeto al Estado de derecho y rechazó cualquier deriva autoritaria, pero al mismo tiempo lanzó duras críticas contra la oposición —a la que calificó de “caníbal”— y contra la prensa, un actor que ha sido blanco frecuente de los ataques de Chaves durante su mandato. El presidente ha llamado a los medios críticos con su gestión “prensa canalla”.Propaganda electoral del partido Pueblo Soberano, en San José.Miguel Andrés (Miguel Andrés)El mensaje resume las tensiones del momento político costarricense. El oficialismo se presenta como un proyecto “refundacional”, decidido a reducir los contrapesos institucionales, reforzar el poder del Ejecutivo e impulsar las reformas constitucionales, incluida la reelección presidencial continua, hoy prohibida. Chaves también ha apelado a políticas de mano dura para hacer frente a la violencia y el avance del crimen organizado. Uno de sus proyectos de seguridad es crear una megacárcel al estilo de la controvertida Cecot de El Salvador. De hecho, el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, viajó a Costa Rica para poner la primera piedra del edificio. Para sus detractores, ese discurso aguerrido y de carácter autoritario supone un riesgo para el delicado equilibrio institucional del país. Bukele fue de los primeros en aplaudir el resultado del país centroamericano. “Acabo de felicitar vía telefónica a la presidenta electa de Costa Rica, Laura Fernández. Le deseo el mayor de los éxitos en su Gobierno y todo lo mejor para el querido pueblo hermano de Costa Rica”, dijo el mandatario salvadoreño.Acabo de felicitar vía telefónica a la Presidenta electa de Costa Rica, Laura Fernández.Le deseo el mayor de los éxitos en su Gobierno y todo lo mejor para el querido pueblo hermano de Costa Rica.— Nayib Bukele (@nayibbukele) February 2, 2026

“La victoria confirma la capacidad del chavismo para capitalizar un malestar social acumulado durante más de una década, que ahora podría intentar traducirse en un control pleno del poder institucional”, advierte Alberto Cortés, coordinador de la Cátedra Centroamérica de la Universidad de Costa Rica (UCR).Excepción democrática Costa Rica fue presentada durante décadas como una excepción democrática en una región marcada por golpes de Estado, autoritarismo y conflictos armados. Sin ejército desde 1948, con alternancia pacífica y un sólido Estado social, el país construyó una imagen de estabilidad que hoy aparece erosionada. “Estamos viendo una transformación profunda de identidades políticas, el intento de una marca que se abre paso desplazando a las tradicionales”, explica Ronald Alfaro, coordinador del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP).Ese realineamiento, explican los analistas, se alimenta de factores estructurales: el deterioro de la movilidad social, la ampliación de las brechas entre el área metropolitana y las zonas periféricas, el desgaste de los partidos históricos y una asociación persistente entre política y corrupción.Cierre de campaña de Laura Fernández, el 24 de enero.Miguel AndrésEl continuismo abre así un escenario ambivalente. Por un lado, un Gobierno fortalecido por las urnas y respaldado por una participación elevada. Por otro, una democracia sometida a tensiones inéditas, con un liderazgo confrontativo, una oposición debilitada y una ciudadanía cada vez más movilizada. La imagen del propio Chaves respondiendo con gestos burlones —sacando la lengua y lanzando besos— a manifestantes que le gritaban “¡Fuera Chaves!” resume esa nueva atmósfera política.Costa Rica entra ahora en una etapa decisiva. El país que durante décadas fue visto como un faro democrático en Centroamérica se enfrenta al reto de demostrar si el continuismo puede convivir con los contrapesos institucionales o si, por el contrario, el cambio de ciclo que avalaron las urnas abre la puerta a una redefinición más profunda —y más incierta— de su democracia.

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