Una investigación del diario israelí Haaretz publicada el pasado 3 de octubre reveló que una entidad privada con financiación del Gobierno de Benjamín Netanyahu había llevado a cabo una campaña de influencia digital a gran escala para engrandecer la imagen de Reza Pahlevi, el príncipe de la derrocada dinastía homónima, la de su padre, el último shah de Irán, Mohamed Reza Pahlevi, cuyo derrocamiento dio paso a la proclamación de la República Islámica en febrero de 1979. La campaña no solo impulsaba la imagen de este príncipe que durante años se prodigó más en las revistas del corazón que en los cenáculos de poder, sino que amplificaba falsamente el apoyo del que gozaba en Irán, mediante “avatares”, perfiles falsos en línea que se hacían pasar por ciudadanos iraníes. Cuando el pasado jueves el régimen iraní cortó totalmente el acceso a internet en el país para ocultar la represión de las protestas, muchos usuarios que se presentaban como iraníes dentro del país siguieron divulgando mensajes en favor de Pahlevi. El príncipe Carlos, heredero al trono británico, junto al príncipe heredero Reza Pahlevi de Irán, en un carruaje durante el Royal Ascot, en Berkshire, el 21 de junio de 1978.Central Press (Getty Images)Esos sospechosos mensajes se hacían eco de un hecho cierto y de otro dudoso. El primero es que, en algunas de las manifestaciones, junto a los gritos de “Muerte al dictador” (el líder supremo Alí Jameneí), se corearon los lemas “Larga vida al shah” o “Pahlevi volverá”. El dudoso es que los iraníes que el pasado jueves salieron, de forma más masiva que en días anteriores, a las calles para protestar obedecían a un llamamiento que el príncipe había hecho horas antes a sus compatriotas para que continuaran manifestándose. Mohammad Reza Pahlavi, Shah de Irán, junto a su esposa Farah Diba y sus hijos Reza, Farahnaz y Ali-Reza, en Saint-Moritz, Suiza, el 5 de febrero de 1972.Michel Ginfray (Michel Ginfray)Los lemas en favor del hijo del shah son una novedad que, excepto en casos anecdóticos, no se habían oído en oleadas previas de protestas en Irán. Tampoco se habían visto tantas banderas monárquicas con el sol y el león en anteriores manifestaciones. Sin embargo, para Karim Emile Bitar, investigador asociado sobre Oriente Próximo del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París (IRIS), ese hecho no es muy significativo. Este experto cree que esa “visibilidad” refleja sobre todo “el vacío que caracteriza a la oposición iraní actual”, que ha hecho que Pahlevi sea quizás la única figura disidente a la que los ciudadanos pueden apelar en un país en el que “la mayoría de los opositores creíbles han sido encarcelados, puestos bajo arresto domiciliario, vigilados o asesinados por el régimen”. El príncipe es un “lienzo en blanco”, asegura el historiador iraní Rouzbeh Parsi, en el que unos iraníes “desesperados” proyectan sus ansias de cambio y, de paso, molestan al régimen. LatrocinioLos iraníes tienen de media 34 años y más del 70% no había nacido cuando, al final de su reinado, el último shah se desplazaba en helicóptero por Teherán, o hablaba en público metido en una urna de cristal antibalas por temor a que lo asesinaran. Menos iraníes aún habían visto la luz en 1971, cuando el monarca organizó una megafiesta en Persépolis para conmemorar los 2.500 años de la fundación del Imperio Persa. Esos fastos con champán francés y platos del exclusivo restaurante Maxim’s de París, costaron, calculaba la BBC, 30 millones de dólares de la época. El grueso de los iraníes tampoco existía —o no tenía edad suficiente para acordarse en la actualidad— cuando, en 1975, Amnistía Internacional consideró que la monarquía iraní fue uno de los regímenes que más había violado los derechos humanos, de la mano de la Savak, su temida policía política. Reza Pahlevi nació en 1960 en esa corte de pieles de armiño y coronas de diamantes que hacía las delicias del papel cuché. A los 17 años marchó a Estados Unidos para formarse como piloto de aviones de guerra. Nunca ha vuelto a Irán. Algo más de un año después, la revolución popular, luego cooptada por su facción islamista, derrocó a su padre y forzó el exilio de los Pahlevi en enero de 1979. El príncipe que ha vivido 48 de sus 65 años fuera de su país afirmó el pasado domingo estar preparado para regresar a su tierra natal, en una entrevista con la cadena conservadora estadounidense Fox News. Según un cálculo del periodista Robert Graham en su libro Iran: the illusion of power (Irán, la ilusión del poder), cuando los Pahlevi marcharon al exilio, su fortuna ascendía al menos a 4.000 millones de dólares depositados en bancos suizos. Ese dinero, producto del latrocinio de los recursos del país, permite aún al clan mantener un lujoso tren de vida y financiar unas actividades opositoras al régimen iraní que hasta hace poco habían tenido siempre un éxito limitado. Un informe de 2009 del centro de investigación Brookings aseguraba que el movimiento monárquico no tenía apenas implantación en Irán.Un manifestante sostiene un retrato de Reza Pahlavi durante una protesta frente a la embajada iraní en Chile. Esteban Felix (AP)Durante mucho tiempo, añade Karim Emile Bitar, la popularidad de Pahlevi “fue mayor en Los Ángeles o Neuilly-sur-Seine [un barrio para millonarios de la periferia de París] que en Irán”. En contra de lo que puede parecer tras las últimas manifestaciones, señala el investigador del IRIS, la legitimidad del heredero de la dinastía iraní sigue siendo “limitada”. Pahlevi ha asegurado apoyar la instauración de una democracia liberal y de una monarquía constitucional, pero nunca ha criticado el régimen de su padre. No pocos iraníes lo perciben como un títere de Israel —se negó a condenar los bombardeos de ese país de junio— y de Estados Unidos, a cuyo presidente insta de forma recurrente a intervenir en Irán. El pasado sábado, cuando llamó a los iraníes a salir de nuevo a la calle, “tomar las ciudades” y permanecer en ellas, algunos de sus compatriotas criticaron en redes sociales que pidiera a los manifestantes que arriesgaran sus vidas, desde su cómodo exilio en Estados Unidos. En otra entrevista, con el canal CBS, cuando le preguntaron por los muertos en las protestas —al menos 2.600, según la ONG Hrana— afirmó: “Es una guerra y en la guerra hay bajas”.NostalgiaRaffaele Mauriello es profesor de la universidad Allameh Tatabata’i de Teherán. Este iranólogo explica desde Italia que la perspectiva de Pahlevi como una alternativa a la República Islámica era vista como “ridícula” hasta hace muy poco. Sí reconoce que la nostalgia del régimen del shah ha crecido en los últimos años, sobre todo entre los jóvenes. Lo percibe en sus estudiantes, que “a veces postean algo del shah y, cuando les preguntas, te das cuenta de que no saben nada de ese periodo”. Mauriello compara a esos jóvenes con sus coetáneos españoles nostálgicos de la dictadura franquista. Mariam, el nombre falso de una iraní exiliada en España, de 37 años, es una de esas iraníes que, sin un futuro a la vista, ha vuelto sus ojos al pasado. “No me considero monárquica”, dice, aunque ve con buenos ojos al príncipe. Luego añade que, durante muchos años, Pahlevi era ”la única figura opositora que había”, pero apostilla que sus conciudadanos quieren “un gobierno secular, no una monarquía”. “Sin oposición alguna, ni dentro ni fuera de Irán, capaz de proponer una alternativa creíble y viable a la República Islámica, Pahlevi está imponiéndose como una figura potencial que podría asegurar una transición”, asegura Karim Emile Bitar. Sus posibilidades de éxito son, en su opinión, limitadas . El príncipe puede ser visto “como una figura catapultada al poder por el extranjero, apoyada por Donald Trump y Benjamín Netanyahu, lo que suscita una gran desconfianza entre los iraníes, que son muy nacionalistas”. Además, destaca el investigador, “es dudoso” que el heredero de los Pahlevi pueda ganarse “el apoyo de las minorías étnicas o resolver la crisis económica y social en un país que ya no conoce”. Sobre todo porque, como indica el analista Ali Terrenoire en un documento divulgado el lunes en su plataforma en X, este aristócrata no tiene detrás un partido político ni tampoco una estructura ni una jerarquía. Su figura solo esconde “simbolismo y fantasías de liderazgo”. En una tribuna publicada esta semana en la revista Time, la antropóloga iraní Narges Bajoghli corroboraba que el apoyo real a Pahlevi es mínimo dentro de su país. Esta profesora de la Universidad Johns Hopkins recordaba a su vez que el supuesto respaldo ciudadano para la restauración de la monarquía es una “ilusión” fabricada con campañas de desinformación. Bajoghli concluía que la negativa de Trump a reunirse con el hijo del derrocado shah constituye “una señal reveladora de la seriedad con la que incluso sus aliados potenciales se toman la opción monárquica”.
Reza Pahlevi, el príncipe destronado aupado por la desesperación de los iraníes | Internacional
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