
“Esto no es Wagner”, pareció gritar alguien del público el pasado 5 de diciembre en el Centro Nacional de Artes Escénicas de Pekín, durante un concierto de El anillo sin palabras de Wagner dirigido por Teodor Currentzis al frente de su orquesta musicAeterna. El desafortunado incidente —que obligó a interrumpir el concierto para desalojar a la persona que increpaba desde la sala— fue atribuido por el blog Klassikom a la polémica que suscitan en China las lecturas poco convencionales del gran repertorio por parte del director grecorruso.Más informaciónEn este caso, sin embargo, no era así. El anillo sin palabras no es una reinterpretación de Wagner, sino una compilación de pasajes orquestales, a medio camino entre el pastiche y el popurrí, de la tetralogía El anillo del nibelungo de Richard Wagner. El arreglo fue realizado en 1987 por el director, compositor y violinista Lorin Maazel para un proyecto discográfico del sello Telarc con la Filarmónica de Berlín: comprimir las cerca de catorce horas de música de los cuatro dramas wagnerianos en una suite orquestal continua y sin cantantes que cupiese en un solo disco compacto. Maazel llevó el resultado a la sala de conciertos en 1990, en Pittsburgh, y la obra ha terminado convertida en una suerte de Wagner para dummies.Cabe la posibilidad de que la protesta del concierto pekinés tuviera otro origen. Tal vez esa persona reaccionaba al hecho de escuchar a una orquesta financiada por un banco vinculado al Kremlin, dirigida por un músico que evita cuidadosamente pronunciarse sobre la invasión rusa de Ucrania. El excelente conjunto musicAeterna sigue estando controlado económicamente por el banco ruso VTB, sancionado por la Unión Europea, cuyo presidente, Andréi Kostin, es un oligarca estrechamente vinculado con Vladímir Putin. Además, la orquesta ha contado en los últimos años con el patrocinio de la gasística Gazprom y de la corporación nuclear Rosatom.Instrumentistas de cuerda, viento madera y metal de musicAeterna, el 3 de febrero en Zaragoza.Auditorio de ZaragozaPara actuar en países donde estos apoyos resultan inaceptables, Currentzis ha creado una variante funcional de musicAeterna llamada Utopia, con socios menos comprometidos políticamente, como la austriaca Fundación Privada de Arte y Cultura DM, vinculada al difunto cofundador de Red Bull, Dietrich Mateschitz. En la práctica, el director grecorruso divide hoy su actividad en dos geografías bien diferenciadas, según el grado de tolerancia local hacia los patrocinios ligados al Kremlin: en el norte de Europa (Alemania, Austria, Países Bajos y Bélgica) actúa bajo el paraguas de Utopia —también en Grecia—, mientras que en el sur (España e Italia) se acepta su presencia con musicAeterna.La gira actual de El anillo sin palabras es una demostración elocuente de esta doble contabilidad moral. Comenzó el 3 de noviembre en la Philharmonie de Berlín al frente de Utopia, seguida de conciertos en Múnich, Hamburgo, Róterdam, Amberes y Atenas. A finales de mes y en diciembre, Currentzis cambió de orquesta para iniciar una gira con musicAeterna por China y Rusia, con actuaciones en San Petersburgo, Moscú y Perm. Ya en febrero, la obra ha regresado a Europa occidental con musicAeterna para una gira por España e Italia: arrancó el 2 de febrero en el Auditori de Barcelona, pasó al día siguiente por Zaragoza y llegará el día 5 al Auditorio Nacional de Madrid y el 7 al Teatro de la Maestranza de Sevilla, antes de continuar hacia Brescia, Módena y Florencia.En las notas del referido disco, Maazel vincula el origen de su arreglo El anillo sin palabras a su experiencia como director musical en el Festival de Bayreuth. En 1960, cuando ensayaba para su debut con Lohengrin, escuchó al nieto del compositor, Wieland Wagner, una inspiradora frase: “En la orquesta está todo, es el texto detrás del texto, el subconsciente universal que une a los personajes de Wagner entre sí y con el protoego de la leyenda”. Su experiencia al frente de producciones escénicas del Anillo en 1965, en Berlín, y después en 1968, en Bayreuth, le hizo profundizar en la idea de una versión sinfónica comprimida de la tetralogía.Violines primeros y segundos de musicAeterna durante su concierto, el 3 de febrero en Zaragoza.Auditorio de ZaragozaPara adelantarse a las críticas, el maestro estadounidense fijó, no obstante, cuatro criterios ineludibles: un arreglo fluido, sin alterar el orden de la obra ni introducir interrupciones; transiciones armoniosas y justificables; uso exclusivo de música orquestal original, aunque con alguna línea vocal puntualmente en un instrumento “imaginable”; y que todas las notas procedieran estrictamente de Wagner. El resultado, sin embargo, siempre ha sido discutible y problemático. Además de sacrificar el desarrollo dramático del Anillo, el arreglo incurre en transiciones chirriantes —como la que enlaza el martillazo de Donner, al final de El oro del Rin, con la tormenta que abre La valquiria— y omite melodías fundamentales, como el canto primaveral de Siegmund en La valquiria o la melodía de paz de Brünnhilde en Siegfried (más tarde incluida en el famoso Idilio de Sigfrido). El mayor problema, con todo, es la excesiva densidad del conjunto: recortes orquestales y motivos conductores tan comprimidos como yuxtapuestos, sin espacio para respirar.Ahora bien, a juzgar por lo escuchado el pasado 3 de febrero en el Auditorio de Zaragoza, la exigencia técnica y la superficialidad musical de la dirección de Teodor Currentzis facilitan notablemente la digestión de este arreglo tan problemático. El maestro grecorruso mantiene al frente de su conjunto musicAeterna la excelencia orquestal que originó este proyecto con la Filarmónica de Berlín. Y su manera de dirigir compás a compás y pasaje a pasaje, completamente despreocupada del gran arco de tensiones dramáticas de la obra, favorece la fluidez de los setenta minutos sin pausa, que transcurren sin dejar poso.En el inicio de El oro del Rin, con ese mi bemol sostenido por los contrabajos durante 136 compases, no se tuvo en ningún momento la impresión de asistir al nacimiento del mundo ni al fluir primordial del río. Currentzis logró, eso sí, una precisión milimétrica de las ocho trompas y una nitidez cristalina de la cuerda. Lo más logrado del prólogo fue el interludio del descenso al Nibelheim, donde a esa precisión se añadió una tensión bien administrada.La transición a La valquiria se resolvió desde la espectacularidad: el martillazo de Donner, seguido de una articulación exagerada en violonchelos y contrabajos del motivo de la tormenta, llevó el arco dinámico desde el fortísimo col legno hasta un pianísimo prácticamente inaudible. Las proezas dinámicas interesaban más al director grecorruso que el sentido de la música, como quedó claro en su manera de aplastar el amoroso solo de violonchelo de Alexey Zhilin. El segundo acto pasó sin acumulación de tensión, y todo se orientó hacia una frenética cabalgata de las valquirias. Lo mejor de esta primera jornada fue, con diferencia, la despedida de Wotan de Brünnhilde, sostenida por una cuerda tupida y exquisita.Los violochelistas Alexey Zhilin y Miriam Prandi en el primer atril de la musicAeterna junto a otros integrantes de la orquesta, el pasado 3 de febrero en Zaragoza.Auditorio de ZaragozaDe nuevo, la transición a Siegfried resultó absurda: la magia del fuego de Loge que cierra La valquiria enlazó sin solución de continuidad con la fragua de la espada. El primer acto de esta segunda jornada volvió a consumirse con rapidez, pero en los murmullos del bosque del segundo acto Currentzis ofreció una nueva muestra de excelencia de la cuerda de musicAeterna, acompañada por notables solos de flauta, clarinete y oboe. Tras la muerte del dragón Fafner se suprime todo el tercer acto y se pasa directamente al amanecer de El ocaso de los dioses.Resulta revelador que casi la mitad del arreglo se concentre en esta última jornada del Anillo, focalizada en los dos pasajes orquestales más célebres: El viaje de Siegfried por el Rin y la Marcha fúnebre de Siegfried, con breves inserciones de la llamada de Hagen y la muerte del héroe. En estos fragmentos destacó el poderoso metal ruso, aunque las brillantes llamadas de Siegfried se interpretaron fuera de escena por el trompista valenciano Jairo Gimeno. La marcha fúnebre volvió a impresionar por precisión, tensión e intensidad, pero quedó corta de hondura y verdadero dramatismo. El salto al final de la tetralogía permitió a Currentzis ofrecer lo mejor de toda la velada: un cierre de gran control sonoro, coronado por un bellísimo motivo de la redención por amor de Brünnhilde.Con todo, aunque un concierto así pueda servir como primera aproximación al sonido de Wagner, el sajón fue mucho más que un compositor orquestal. Este arreglo no permite acceder a la esencia dramática del Anillo, que comienza con Alberich renunciando al amor por el poder y culmina con Brünnhilde renunciando al poder en favor del amor, mientras el eje dramático se desplaza de Wotan a Siegfried. No extraña, por tanto, que alguien exclame “esto no es Wagner”, sobre todo cuando acabamos de escuchar en Barcelona una Isolda verdaderamente inolvidable.XXXI Temporada de Grandes ConciertosRichard Wagner: El anillo sin palabras (compilado por Lorin Maazel)MusicAeterna. Teodor Currentzis, director.Auditorio de Zaragoza. Sala Mozart. 3 de febrero.
Teodor Currentzis triunfa con un Wagner para ‘dummies’ | Cultura
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